Me pase la tarde fuera de casa con unos amigos de la
facultad, y a los que no tenían novia o rollo o lo
que sea y estaban buenos les tiré así como el que no quería la cosa los trastos para ver si
colaba y conseguía lo mío. Vale, o ellos son muy tontos o yo no estoy lo
suficientemente buena, pero nunca antes había tenido problemas para conseguir
un tío. Siempre me habían dicho que no tendría problemas para conseguir a quien
quisiera por mi tipo (morena de pelo largo ondulado con un flequillo que cae
sobre un lado, ojos grandes y azules, 90/95 de tetas, delgadita y con un culo
respingón), y hasta la hora tenían razón, pero hoy, no se por qué, no conseguía nada.
Estaba cansada de intentarlo así que después de tomar algo
me fui a casa, porque encima, todos los bares se estaban llenando de parejas
enchochadas metiéndose mano por debajo de la mesa, por dios, que se vayan
directamente a echar un polvo y se dejen de rodeos. Fue llegar y ponerme cómoda,
coger el portátil, poner la tele y tirarme en el sofá; esa noche podía hacer lo
que me diera la gana porque mi compañera de piso tenía suerte de tener novio
e iba a pasar la noche fuera. No llevaba ni una hora ahí tirada a lo mío cuando
llamaron al timbre, me quede extrañada por la hora que era, pero fui a abrir. Era Eidan que quería
hablar conmigo, tendría que ser importante para venir a mi piso tan tarde. Le
dije que pasara y ambos nos dirigimos al sofá donde estaba yo antes de que el
llegara y se lo dije, que estaba ahí tirada haciendo el tonto y se echo a reír,
me sentí un tanto incómoda así que me senté a su lado y le pregunté que de qué
quería hablar. No dijo nada, simplemente se abalanzó sobre mí y me besó; me
quedé perpleja no me lo esperaba, le había tirado los trastos esa misma tarde y
no noté ninguna reacción en él, así que fui directa y dije:
¿Por qué antes no y ahora sí? ¿Qué ha cambiado? ¿Qué pasa
que no has encontrado a otra o qué? – me estaba haciendo la ofendida por así
llamarlo, pero sabía que en un rato estaríamos en mi cama –
- Se rió y dijo - No es eso, es que le molas al gafas – así es
como llamábamos a uno, a su mejor amigo para ser más exacta, pero es que encima
de llevar gafas, era feo de cojones – Y no te iba a seguir el rollo delante de él,
que me da pena, que no pilla ni una el pobre, así que me esperé para venir
¿A él? – me quedé sorprendida, era lo último que esperaba
que me dijera (era mejor no saberlo, pero me reí –
Pero me sorprendió aún más que el fuera tan directo como yo
y me dijera que solo estaba buscando un polvo por el día de San Valentín porque
era su manera de celebrarlo y que no quiere tener novia, que es mejor ir
pillando con la que se puede y ya está. No pude evitar reírme a carcajadas,
pero fui sincera y le dije que me estaba riendo porque yo también estaba
buscando un polvo y nada más y que antes me había hecho la ofendida aunque sabía
como íbamos a acabar la noche.
Me puse de pie para quitarme la sudadera que llevaba y
quedarme en sujetador para no andarnos con rodeos e ir a lo que íbamos , pero no había terminado de
quitármela cuando me mordió una teta y me tiró en el sofá
No, aquí no – le dije – Que los condones los tengo en mi
habitación
No hace falta, llevo yo uno en la cartera – Nunca entenderé
porque los llevan ahí, pero bueno –
- Insistí un poco – Hazme caso y mejor vamonos a mi habitación,
porque no pienso echar solo un polvo
¿Para qué le iba a mentir si buscábamos lo
mismo? Se rió, pero con las mismas me levantó en peso y me llevo a la cama. Nos
quitamos la ropa y jugamos un poco, para no hacerlo totalmente en “frío” por así
decirlo, vale, lo hicimos, no estuvo muy allá la verdad sea dicha, ninguno de
los dos nos habíamos quedado satisfechos así que dijimos de hacerlo otra vez (aunque lo íbamos a hacer si o si) y en vez de jugar un poco y
encima de todo rápido para hacerlo cuanto antes, nos entretuvimos algo más. El
jugó con mi clítoris, me lo merecía la verdad sea dicha, porque primero había
estado yo jugando con su pene un buen rato, pero eso sí, le advertí que hasta
que no me escuchara gritar de placer por lo que me hacía, no me la metiera, y
que cuando lo hiciera que no fuera con cuidado, pero que tampoco fuera un
bestia y me matara a la primera. Quería echar un polvo salvaje, uno de los que
merece la pena recordar.
Había gemido ya unas cuantas veces cuando vi que estaba
sonriendo como un capullo, se estaba haciendo esperar y sin dudarlo dos veces
le dije que lo hiciera ya, pero no con voz tranquila, sino gritando, estaba
cachonda y necesitaba notarlo dentro de mí, pero solo a su pene, porque no sentía nada por él. Me la metió
con fuerza y grité más fuerte aún. Pasó un rato y... me corrí. No le quise meter prisa
en que terminara para descansar y echar otro, le deje su tiempo, y cuando terminó, se dejó caer a mi lado. No habíamos descansado lo suficiente, cuando queríamos repetir, pero ésta vez, conmigo encima.