6 de mayo de 2012

Sala de... ¿?

Siempre fui una chica solitaria, nunca nadie quería estar conmigo, por la música que escuchaba y por como vestía. La gente era muy superficial, había gente que escuchaba lo mismo que yo, pero por no ser rechazados vestían como los demás y en público escuchaban otra música. Pero un día andando por los pasillos del instituto iba con los cascos y con la música alta por no decir a todo capullo para molestar un rato a los pijos. La verdad es que me importaban una mierda todos ellos, lo único malo de ese instituto eran las normas y los profesores estirados, no había ni uno que se enrollara un poco ni nada, todos eran unos aburridos y unos miedicas  que le teman a dirección más que los propios alumnos. Pues como no, una de las normas era la de no usar aparatos electrónicos, me daba exactamente igual yo hacía lo que me daba la gana aunque me castigaran todos los días.

Ese día, me volvieron a castigar, pero lo último que me esperaba era encontrarme a otro chico en la sala de castigo por el mismo motivo que yo, normalmente no había nadie más y sino era porque algún pijo se había metido en un lío tonto con otro por la novia, estupideces varias, pero allá ellos. Pero ésta vez no era una de esas, ésta vez era un chico que iba vestido de negro y con botas militares, estaba sentado en una esquina y aunque lo habían castigado seguía escuchando su música, lo mejor fue que estaba escuchando Avenged que era uno de mis grupos favoritos y lo pude identificar a la primera, la tenía altísima y el amargado que nos vigilaba no le decía nada, parecía como si estuviese acojonado de que el alumno le dijera algo. No me pude sentar en mi sitio de siempre, estaba sentado él, así que me senté un par de pupitres por delante para poder mirar por la ventana y seguir dibujando y escribiendo cuando me apeteciera, pero esta vez me puse mi música para ver si el amargado me decía algo. Alucinante no llevaba dos canciones cuando dio un golpe en la pizarra y me dijo que quitara ese ruido, el otro chico se dio cuenta de lo que estaba pasando y solo bajo las piernas de la mesa y miró al amargado, que cambio totalmente de humor y me dijo que podía seguir con ella, me había quedado alucinada, eso no era normal.

Me levanté y me senté al lado del chico. No me dijo como se llamaba, pero si que lo llamara 5, me quede un tanto sorprendida, era un número, pero bueno, me hizo gracia; era el único chico distinto de todo el instituto y atrevido porque no paraba de mirarme las tetas. Podría ser un poco más disimulado, que no cuesta tanto y le dije:

Los ojos los tengo aquí arriba, no aquí – mientras me señalaba las tetas –
¿Y qué? A mi me gustan más tus tetas – no se cortó ni un pelo en contestarme eso y me quedé flipada, no me lo esperaba –

Me sentí salvada, justo sonó la sirena y teníamos que ir a clase, pero lo último que me esperaba era que me tocara el culo al levantarme, pero, ¿De qué iba? No lo dude un segundo más, me giré y le di un guantazo, se lo merecía no sabía ni mi nombre y ya se estaba pasando, pero el muy capullo se levantó me cogió de una mano para que no siguiera andando y me trajo hacia él para darme un beso, me quede sorprendida no me esperaba eso, pero no pude evitarlo, tiene algo que me atrae y se lo conteste

Me gustan las chicas como tú – y sin más, me suelta eso después de darme un beso –

En serio, este chico me estaba haciendo alucinar, no se que se pensara que le voy a contestar, pero directamente paso de contestarle, me di media vuelta y me largué, no porque no me hubiera gustado ese beso, sino porque estaba flipando y prefería irme, ya lo volveré a ver y no me extrañaría que fuera en el mismo sitio.

Al día siguiente, otra vez me castigaron, total, ya era rutina. Estaba él sentado en el fondo, respire hondo y  pasé para sentarme donde la primera vez. El profesor seguía sin aparecer y yo estaba con mi música puesta a tal volumen que no me enteraba de lo que pasaba a mí alrededor, pero de pronto note que algo me cogía de las tetas y empezaba a manosearlas mientras me mordía en el cuello, me estaba poniendo cachonda, había encontrado mi punto débil. Me levantó de la silla y me puso contra una mesa, seguía mordiéndome el cuello hasta que lo cogí para besarle, estaba cachonda, como siguiera así la cosa iba a acabar mal. Bajó sus manos a mi culo, estábamos pegados el uno contra el otro sin dejar de besarnos, de vez en cuando volvía a morderme el cuello y al final acabé totalmente cachonda y empecé a morderle yo a él con lo que pude observar que a él también le gustaba porque note su pene contra mí.

Llevo un condón en la mochila – me dijo eso en un susurro mientras intentaba respirar con normalidad –
Estás tardando – le contesté como pude, me costaba hablar –

Fue a su mochila, se lo puso y vino hacia mí, no tardo ni un segundo cuando me percaté de que me había quitado los pantalones, me besó y me quitó las bragas. Jugó un poco con su lengua en mí y en cuento escuchó el primer gemido empezó a metérmela, no con mucha fuerza al principio, pero cada vez me gustaba más como me lo hacía, cada vez lo notaba más dentro de mi y eso me encantaba…

Fueron pasando los días y hacíamos lo posible para que nos castigaran, siempre era por el mismo motivo, pero nos veíamos todos los días en esa sala, sin el amargado, no se como se las apañó, pero siempre nos dejaban solos y gritáramos lo que gritáramos no nos decían nada, y aunque nos lo dijeran, nosotros seguiríamos follando.