El silencio se estaba volviendo un tanto incómodo por lo que
miré el reloj con disimulo y llevábamos así casi media hora; por lo que me arme
de valor y empecé a hablar:
¿Has pedido algún deseo? – Intenté que no se notara lo
nerviosa que estaba, pero aún así, me tembló un poco la voz –
Claro, tenía que aprovechar, era un “ahora o nunca” – Hizo una
mueca y eso me tranquilizó, no se como lo hace, pero siempre que estoy con él,
consigue que me tranquilice –
¿Qué has pedido si se puede saber? – Me picó la curiosidad y
no pude evitar preguntárselo –
Que no me rechaces cuando te bese – Se notaba que estaba nervioso,
por primera vez desde que lo conozco le había temblado la voz –
………. – Se me abrieron los ojos de par en par, pero aún así intenté
contestarle; estaba tan sorprendida que al intentar contestarle abrí la boca,
pero no salió ningún sonido de ella –
Me latía el corazón más rápido que en toda mi vida, ni si
quiera cuando he tenido que hacer pruebas de velocidad me ha latido tan rápido.
No sabía que yo le gustaba a él, en ningún momento pensé que esto fuera recíproco,
pero así era, no solo me gustaba él a mí, sino que a él también le gustaba yo,
era sorprendente…
No se cuanto tiempo había pasado ni nada, pero de pronto se
giró sobre si, me miró fijamente y empezó a besarme con cuidado, como si no
supiera si lo iban a rechazar o no, por lo que poco a poco conseguí mover mi
mano y coger la suya; ahí empezó a besarme con más fuerza y con total
seguridad, se había dado cuenta de que no iba a ser rechazado y tras unos
segundos besándonos noté como todo mi ser estaba volando junto a esa lluvia de
estrellas que había concedido mi deseo de estar con él, pero no solo cumplió mi
deseo, sino también el de él…