Entraba el reflejo de la luna por la ventana, me cruzaba un leve rallo de luz por los ojos, mientras yo estaba desesperada e inquieta mirando a la nada... con ganas de saber de ti, y ahí estaba yo… sin moverme mirando el móvil cada 5 segundos y nada cambiaba todo seguía igual en esa habitación, a oscuras… nada se movía todo estaba quieto, hasta el tiempo se había parado y yo con él.
Me sentía desesperada por recibir con euforia noticias sobre él, hacía ya tres o cuatro días que no me llamaba ni me mandaba un triste mensaje, ni si quiera se había pasado por mi casa y eso que solo vivía a tres manzanas de la misma… ya me imaginaba lo peor, todo estaba llegando a su fin y yo me estaba desvaneciendo con el en la más inmensa oscuridad.
Me pasaba horas y horas sentada en el alfeizar de la ventana viendo pasar parejas, niños jugando, gente yendo a sus trabajos, estos mismos regresando a su casa con impaciencia para reunirse con su familia que los espera con los brazos abiertos para así poder escuchar esas palabras tan alentadoras “¡Papá, mamá!” gritan los hijos a sus padres cuando llegan a casa después de pasar todo el día fuera para ganarse el jornal, y yo seguía mirando por esa triste ventana, estaba llegando el final del quinto día sin saber nada… eran cinco días ya y definitivamente supe que ya no quería saber nada de mi, pero de pronto mientras seguía mirando por la ventana la cuál se estaba empañando y llenándose de pequeñas gotas por la lluvia ácida que había empezado a caer. En ese instante reconocí una sombra alta de una persona morena, de cabellos rubios que se rizaban por la lluvia con unos profundos ojos azules, pero ¡Qué era eso! ¡Era él! Que llevaba cogida de la mano a una chica, mientras hacían que corrían porque ella con esos finos tacones no podía ni intentarlo él la empujo bajo un voladizo para ampararse de la lluvia, ella no lo dudo ni un segundo y abrió la ventana y gritó:
“¡Te odio –él de inmediato reconoció la voz- ya no existes para mi!” y cerró la ventana provocando un fuerte estruendo que se apagó con el sonido de un trueno.
La chica que acompañaba a éste le dijo: “Vaya una loca se ha puesto a gritar por la ventana” mientras él torcía el gesto sin añadir palabra porque aún se podía decir que era su novia ya que nadie había puesto por el momento fin a la relación.
Al día siguiente él se paso por la casa de ella para hablar sobre lo sucedido, no esperaba que cuando abriera la puerta fuera él quien se encontrara al otro lado, con un gesto de sorpresa ella se apartó de delante de la puerta para dejarle paso; “Siento lo que presenciaste ayer…” –dijo él-
-ella aún con cara de sorpresa- “Podrías haber hablado antes conmigo ¿no crees? –se le crispó el rostro, con un atisbo de frialdad- llevo ya unos cuantos días esperándote… seis para ser más exactos…”
“no tiene sentido –le contestó- ya te tenías que haber dado cuenta de que esto ya no marchaba bien entre nosotros, que ya no eras la única para mi…”
“¡Como te atreves –se le abrieron los ojos como platos- a venir a mi casa y decirme eso así quedándote con el mismo semblante con el que viniste –se le saltaron las lágrimas, no podría reprimirlas más- y con el que te vas a ir! –lloraba con más intensidad- ¡y no vuelvas jamás por aquí!”
El salió del apartamento sin mirar atrás no pensaba que todo podía salir tan mal, cerró la puerta con un portazo dejándose caer tras ella mientras se secaba las lágrimas en la manga de la camiseta y se tapaba el rostro como para borrar la última imagen que tubo de él.